Tenis
Sunday 10 de June de 2018 - 18:08:36

Rafael Nadal campeón; superó a Dominc Thiem y levantó su 11° trofeo de Roland Garros

▓ TENIS ATP - ROLAND GARROS ••• Rafael Nadal triunfó de nuevo en Roland Garros, ganando por undécima vez de su carrera, al batir en la final este domingo al austríaco Dominic Thiem por 6-4, 6-3 y 6-2 en dos horas y 42 minutos. El español, quien mantiene así el número uno del mundo en el próximo ranking mundial, levantó su 17º Grand Slam y se acerca a los veinte del suizo Roger Federer, récord histórico. Nadal, de 32 años, iguala además el récord de la australiana Margaret Court, quien también se alzó con once grandes en un mismo Grande (Abierto de Australia entre 1960 y 1973).

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█ - El chaval no podía dormirse. La primera copa de los Mosqueteros estaba allí, magnífica, toda una proeza para un joven de 19 años. Cerraba los ojos y soñaba. con los ojos abiertos. Junio de 2005: se parece a un siglo, a toda una vida. Se despierta, de pronto, a tomar un vaso de agua, mientras recuerda cada una de las fotografías de su bautismo en Paris frente a Mariano Puerta. Un pequeño gran león de pelo largo, remera sin mangas y atrevimiento poco habitual. Allí, cerca de la medianoche, se presenta Toni Nadal, algo más que el tío: el cerebro detrás del músculo más extraordinario de la historia. Rafael Nadal no soltaba el trofeo: seguía abrazado a él, inmóvil. "Está bien, ya tienes lo que has querido toda tu vida. Pero el año próximo, cuando vuelvas, este trofeo no habrá significado nada. Y volverás a estar asustado cuando empiece el torneo o cuando juegues la final, si es que llegas a ella. Cada año, Rafa, será la misma historia", le decía, en la profundidad de la noche. La misma historia.

Rafael Nadal el nuevo campeón en París

Hoy, ahora mismo, cuando logra el 11° título de Roland Garros -algo fuera de lo común, algo excepcional-, luego de superar al austríaco Dominic Thiem por 6-4, 6-3 y 6-2, en 2h42m, el español agiganta su leyenda con la humidad de los más grandes. Siempre hay espacio para agregar estrellas en la bandera de la excelencia. No sólo es el rey del polvo de ladrillo: es uno de los mejores -¿tres, cuatro, cinco?- más grandes de la historia. Alcanza su 17° grande y sólo lo supera Roger Federer, con 20. No sólo es el dueño de París -2005, 2006, 2007, 2008, 2010, 2011, 2012, 2013, 2014, 2017 y 2018-, sino que se consagró en todas las superficies. Se agiganta, también, en Wimbledon, allí en donde empezó todo, con sus títulos de 2008 y 2010.

No es muy normal: gana con el brazo izquierdo acalambrado, envuelto en llamas. Estira los dedos de esa mano, elonga el tendón. No se le mueve el dedo mayor. No le importa nada: la última bola se escapa lejos y es allí cuando Rafa levanta los brazos al cielo. Pura naturalidad. Ahora sí, que se venga el mundo abajo: hasta la lluvia espera que acabe la batalla, con el mismo resultado de siempre.

Cuenta Toni, hoy corrido de la escena -Carlos Moyá es el entrenador de todos los días-, cosas como éstas: "Yo empecé con la idea, cuando Rafael tenía unos 8 años, de jugar con una intensidad muy alta. Cuando era joven, era un jugador muy agresivo, pero en el circuito ATP no le alcanzaba. Ahí fue cuando empezó a pegarle a la pelota por detrás". Su estilo, tal vez, no tiene la elegancia de Roger Federer ni la destreza de Novak Djokovic. Su servicio es limitado, su drive no es vistoso, su revés no se instala en la galería. Le sobran otros atributos, más indispensables: su cabeza, su ambición, su defensa, la más maravillosa. Y ese revés a dos manos paralelo a la carrera, ideal para enamorarse del tenis de una vez y para siempre.

Sólo Diego Schwartzman le quitó un set, todo un mérito si se recuerda el camino, la película entera. Ese 6-4, antes del diluvio, resulta un premio. Porque Thiem, de 24 años, un noble jugador con recursos de sobra y un digno revés a una mano, hace lo que puede. Le ganó tres partidos sobre tierra: en Buenos Aires 2016, en Roma 2017 y en Madrid 2018. Debería poder quitarle, al menos, un parcial. Pero se derrumba después de que el mallorquín le quiebra en cero y se sube al 6-4. Lo demás, es casi un monólogo. Cada vez que el austríaco se anima, el español lo liquida.

Hay un momento de suspenso durante el último parcial, cuando a Nadal le arde el dedo mayor de la mano izquierda. Soporta todo: el dolor, la adversidad, el destino. Llora cuando recibe el trofeo. Y gana, siempre gana. Rafael Nadal es, cada día, más grande.

 

 


 

Fuente: RosarioN / ESPN / lanacion.com.ar